LO VERDADERO EN LA VIDA

niños y niñas

  • ¿Qué es lo verdadero y qué es lo aparente en la vida de los seres humanos?

  • ¿Qué es lo que hace que un hombre y una mujer realicen su vida, que vivan su vida más acertadamente que otros?

  • ¿Qué nos exige nuestro ser de hombres y/o de mujeres, para que nuestra vida sea “acertada”, para que seamos lo que tenemos que ser, lo que estamos llamados a ser?

No es difícil saberlo. Basta hacer un poco de silencio, salirnos del trajín de todos los días, que nos envuelve en la rutina que adormece, y ejercer nuestra facultad de pensar, de razonar, de analizar y comprender, y sacar conclusiones, una de las cuales es precisamente esta: lo único verdadero en la vida de todos nosotros, es realizar en ella nuestra esencia humana, lo que nos es propio y exclusivo.

Ser hombres y ser mujeres de verdad, no es otra cosa que poner a funcionar lo que somos, lo que Dios hizo de nosotros al crearnos “a imagen y semejanza suya”, es decir, seres dotados de inteligencia y voluntad, capaces de pensar y capaces de decidir, capaces de continuar su obra creadora, capaces de interactuar con el entorno, y, sobre todo, capaces de amar, amar mucho, porque como nos dice san Juan en su Primera Carta, “Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Juan 4, 16).

La vida humana, nuestra vida de hombres y de mujeres, la de cualquier hombre y la de cualquier mujer, sea quien sea, se define por el amor, por nuestra capacidad de amar, y no simplemente por nuestra capacidad de razonar.

Somos hombres y mujeres de verdad, cuando amamos, cuando todo lo que hacemos lo hacemos por amor y en el amor.

Somos hombres y mujeres de verdad, plenos de vida humana, cuando nuestro corazón está abierto al amor, para darlo y para recibirlo. Abierto al amor de Dios que lo llena todo, que le da sentido a todo; y abierto también al amor de los hermanos que necesitan, como nosotros, amar y sentirse amados. Abierto a la bondad, a la alegría, a la esperanza, que sin duda proceden del amor bien entendido.

Para ser hombres y mujeres de verdad y vivir la vida “al máximo”, no se necesita “poder”, ni se necesita “tener”, ni se necesita buscar febrilmente el “placer”, como piensan muchos; sólo se necesita darle un lugar al amor, al verdadero amor. El lugar que le corresponde, el primer lugar.

Razón tiene san Agustín cuando afirma: “Ama, y haz lo que quieras”. Y san Juan de la Cruz: “En la tarde de la vida te examinarán en el amor”.

El amor, cuando es verdadero, no hace exclusiones, como no las hace Dios; y tampoco tiene medida, como no la tiene el amor de Dios para con cada uno de nosotros.

El amor, cuando es verdadero, hace crecer la vida, construye, sana, salva.

“Quisiera que el diálogo entre nosotros ayude a construir puentes entre todos los hombres, de modo que cada uno pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un contendiente, sino un hermano para acogerlo y abrazarlo”. 

                                                                                    Papa Francisco

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