LECCIONES QUE NOS DA BENEDICTO XVI

 benedicto xvi

Superada la sorpresa inicial que significó para la Iglesia y para el mundo, la renuncia de Benedicto XVI, y la abundancia de comentarios sobre los hechos que la motivaron, gran parte de los cuales ha tenido, sin duda, un fondo malintencionado, o al menos mal informado, es bueno detenernos a pensar en las lecciones de fe, de humanismo, y de coherencia y fidelidad, que dicha renuncia nos deja, no sólo a los católicos, sino también a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Estas son algunas de ellas:

  • La verdadera sabiduría implica reconocer con sencillez y  humildad, nuestras capacidades y nuestras incapacidades, nuestras fortalezas y nuestras debilidades, en los diferentes momentos y circunstancias de nuestra vida, y obrar en consecuencia.

  • El poder, que para muchos representa el gran objetivo que hay que buscar a como dé lugar, debe ejercerse siempre con responsabilidad, y esto implica reconocer que en ciertas situaciones es necesario cederle el lugar a otro o a otros, que pueden desempeñarlo con mayor idoneidad.

  • La talla de una persona se mide, no por su éxito social, ni por su influencia en las masas, ni por el dinero que posea, o por el poder que ostente, ni siquiera por sus capacidades intelectuales, sino sobre todo, por su capacidad para leer los signos de los tiempos, y tener el valor de tomar decisiones que aunque la afectan directamente, implican un beneficio para la comunidad.

  • Cuando la fe razonada y razonable, orienta nuestra vida, somos capaces de hacer muchas cosas que para la gran mayoría de las personas pueden resultar inusitadas, sorprendentes, y hasta inexplicables, pero que para Dios tienen sentido.

  • La fe, cuando es verdadera y profunda, nos hace fuertes espiritualmente, valientes y decididos, humildes y generosos, seguros y confiados; la bondad y el amor infinitos de Dios son nuestro apoyo.

  • La oración es siempre un servicio valioso, a la Iglesia y al mundo, y está al alcance de todos.

  • Todos los seres humanos somos pasajeros, hoy estamos y mañana no, hoy somos importantes para esta o aquella tarea y mañana lo es otra persona; el único que permanece por siempre es Dios, y a Él es a quien tenemos que servir; Él es el que debe prevalecer por encima de todo y de todos. Él y su voluntad de misericordia y salvación.

  • Renunciar a algo, buscando el mayor bien de los demás, es siempre un hecho positivo y de gran valor; el mayor servicio que se pueda prestar.

  • Dios está siempre en la capacidad de suscitar personas que sirvan a la humanidad, en los diferentes momentos y circunsancias, con entrega y generosidad, por eso no podemos sentir miedo; Él sabrá darnos lo que necesitamos y en el momento y el modo como lo necesitamos.

 

“Dios se puede ver,

Dios ha manifestado su rostro,

es visible en Jesucristo…

En Jesús se cumple el camino de la revelación de Dios.

En él podemos ver y conocer al Padre;

en Él nos vienen dada la salvación”.

Benedicto XVI

 

 

 

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