2016 AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA

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He decidido convocar un Jubileo Extraordinario que coloque en el centro la misericordia de Dios. Será un Año Santo de la Misericordia”.

JUBILEO EXTRAORDINARIO  DE LA MISERICORDIA

El pasado 8 de diciembre de 2015, iniciamos en la Iglesia el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco, que irá hasta el 20 de noviembre de 2016.

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El lema escogido para este Año Santo, que es, sin duda, una oportunidad especial para renovar nuestra fe y nuestra vida cristiana, es: MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE.

El Papa Francisco quiere que esta celebración eclesial nos ayude a:

1. Tomar conciencia de que el primer y más grande atributo de Dios, es, sin duda, su amor misericordioso por todos los hombres y mujeres del mundo.

2. Asumir con humildad que todos somos pecadores, y necesitamos esa misericordia de Dios, que sabe perdonar nuestros pecados con ternura y prontitud.

3. Hacernos nosotros mismos misericordiosos los unos con los otros, y de manera especial con las personas más débiles de la sociedad en la que vivimos, y del mundo entero.

¿QUÉ ES UN JUBILEO?

Un Jubileo era para el pueblo de Israel, un “año santo”, un “año de gracia”, que tenía lugar cada 50 años. En este “año santo” o “año jubilar”, se debía restituir la igualdad a todas las personas, se devolvían las propiedades a quienes las habían perdido, y se daba la libertad a quieneshabían sido tomados como esclavos.

En el año 1300, el Papa Bonifacio VIII retomó esta práctica para la Iglesia, dándole algunas características especiales. Así comenzaron a celebrarse los jubileos primero cada 100 años, luego cada 50, y más adelante cada 25. También hay Jubileos Extraordinarios, que son convocados por el Papa, cuando él lo considera importante; el último Jubileo Extraordinario tuvo lugar en el año 2000, y fue convocado por san Juan Pablo II como Jubileo de la Redención.

EL JUBILEO EXTRAORDINARIO

DE LA MISERICORDIA

La misericordia de Dios es un tema que resuena de manera muy especial en el corazón del Papa Francisco. Su lema como Obispo en Argentina, y ahora como Papa, hace alusión directa a él.

El Papa Francisco se percibe a sí mismo como una persona mirada por Dios con gran misericordia, a pesar de ser un “pecador”, como se define con frecuencia. En alguna ocasión dijo:

Yo soy un pecador a quien el Señor ha mirado con misericordia. Incluso ahora cometo errores y pecados, y me confieso cada quince o veinte días, porque necesito sentir que la misericordia de Dios todavía está en mí. Me acuerdo de cuando el Señor me miró con misericordia por primera vez: cuando tenía 17 años, pasaba cerca de la parroquia que frecuentaba y me sentí empujado a entrar. En ese momento no sé qué me sucedió, pero advertí la necesidad de confesarme. Volví a casa con la certeza de tenerme que consagrar al Señor”.

En el primer Ángelus después de su elección, afirmó: “La misericordia cambia el mundo. Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia”. (17 de marzo de 2013).

LA MISERICORDIA DE DIOS

NOS INVITA A SER MISERICORDIOSOS

En la Bula “Misericordiae Vultus” – “El rostro de la misericordia” – documento oficial con el que se convocó el año jubilar, el Papa Francisco nos enseña:

“La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón”. (MV 6)

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“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre… Con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios.” (MV 1)

“Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de sus interlocutores y respondía a sus necesidades más reales”. (MV 8)

“En las parábolas dedicadas a la misericordia… encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo lo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.” (MV 9)

“Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos” (MV 9)

“Estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros se nos ha aplicado misericordia” (MV 9)

“Dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia” (MV 12)

“Para ser capaces de misericordia, debemos colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios… De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida” (MV 13)

“Jesús nos pide perdonar y dar. Ser instrumentos del perdón, porque hemos sido los primeros en haberlo recibido de Dios. Ser generosos con todos sabiendo que también Dios dispensa sobre nosotros su benevolencia con magnanimidad”. (MV 14)

“El perdón de las ofensas es la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir… Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices”. (MV 9)

“Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo” (MV 15)

EL JUBILEO Y LAS OBRAS DE MISERICORDIA

“Es mi vivo deseo – dice el Papa -, que durante el

Jubileo, el pueblo cristiano reflexione sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina…

Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.

Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos”. (MV 15)

LA INDULGENCIA DEL AÑO JUBILAR

Como es costumbre, en este Año Santo de la Misericordia se podrá “ganar” la indulgencia correspondiente. El Papa nos explica su sentido:

“En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos, permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Iglesia, Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado”. (MV 22)

CONDICIONES PARA GANAR LA INDULGENCIA CONCEDIDA

POR EL PAPA FRANCISCO

El Catecismo de la Iglesia nos dice que la indulgencia es “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados… que un fiel dispuesto, y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia…” (N. 1471)

Las condiciones generales para ganar la indulgencia, que menciona el Catecismo, son: 1. La confesión sacramental. 2. La comunión eucarística. 3. La oración por el Papa.

En el caso del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, se añaden como condiciones particulares: 1. La peregrinación hacia la “Puerta Santa”, símbolo de Jesús, “la Puerta” que nos conduce al encuentro con el Padre (cf. Juan 10, 7.9). 2. La práctica de una obra de misericordia.

Las personas enfermas y los ancianos que no pueden salir de su casa, pueden ganar la indulgencia, viviendo su enfermedad como una experiencia de cercanía con el Señor, en el misterio de su pasión y de su muerte.

Como una ayuda especial para que la gracia de Dios llegue al mayor número de personas posible, el Papa dio también la capacidad de absolver el doloroso pecado del aborto, que de ordinario es propia del Obispo, a todos los sacerdotes.

En este Jubileo, dejómonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida” (MV 25)

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